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La sorpresa no fué menor. Sucedió a mediados de agosto.
El Blackout en algunas ciudades estadounidenses y en ciertas regiones
del Canadá fué absoluto. Nueva York quedó a
oscuras y el "parate" fué total. El metro quedó fuera
servicio y una masa imponente de ciudadanos se desplazaba por las
calles en plena oscuridad intentando regresar a sus hogares.
Fué el más grande apagón en toda la historia
de los Estados Unidos. Ello despertó nuevamente los temores
a posibles saqueos o nuevos ataques terroristas. Mientras los neoyorkinos
"pagaban oro" por encontrar un taxi que los llevara más allá
de la Big Apple, en otras regiones del país, otras personas,
aún com mucha luz, afrontaban serios y peligrosos problemas.
Por ejemplo... en Redmond. Alli donde el coloso tecnológico
Microsoft posee sus oficinas centrales, los empleados de la firma
mantenían una temerosa lucha online con agresivos y destructivos
virus. Los temores entre los trabajadores eran evidentes. Tales
ataques por parte de los virus Blaster, Nachi A y el Sobig F...
podían "dejar en la lona" a todo el sistema de red de datos
y causar un daГ±o de proporciones incalculables! Tal pensamiento
lograba ponerle la piel de gallina a los laburantes de Bill Gates.
Si ambos acontecimientos (el apagón de Nueva York y el ataque
de los temibles virus que afectó a las computadoras de los
ciudadanos de más de 100 paises) hubieran tenido lugar a
comienzos del 2003, ello habría causado serias turbulencias
en los mercados de capitales.
Los especuladores habrían sido presa del pánico o
del miedo y seguramente las cotizaciones habrían cedido.
Y ni hablemos si ello sucedía en el 2001 o el 2002. Pero
el "exagerado pesimismo" que asoló los mercados en el pasado...
ya es historia vieja. La mejor prueba: al producirse el apagón
en Nueva York las cotizaciones de Cisco, Intel o Microsoft, en vez
de caer subian. El Dow Jones y el Nasdaq trepaban lo más
campante hacia nuevos máximos anuales. Y ello no obstante
el bajo volumen operado en Wall Street.
Si bien los índices no dejan de subir... uno no debe caer
facilmente en la eufória. El camino aún es demasiado
largo y lleno de contratiempos. Mientras tanto, los inversores en
Wall Street (y en el resto del mundo) pueden mirar confiados como
las cotizaciones suben y concentrarse en las novedades empresarias.
Por lo menos en las más importantes. Lo más relevante
(y dejando de lado las oscilaciones temporarias de las cotizaciones
que son lo más normal de mundo en los mercados bursátiles)
es lo siguiente: los más grandes conglomerados de los Estados
Unidos ganan plata. Durante el segundo trimestre del 2003, las companias
elevaron sus ganancias en un promedio del 10 %. Casi el doble de
lo esperado por los expertos y analistas en Wall Street.
Uno puede darle vueltas como quiera al asunto. La recuperación
en los mercados bursátiles (lo que venimos anunciando desde
hace mucho tiempo) no es tanto el producto de la casualidad o la
timba de los especuladores. Ello tiene una base sólida.
Y lo mejor de todo: nos encontramos tan solo en los comienzos de
una larga tendencia alcista. Despúes de todo, la actuál
recuperación de los índices (si tenemos en cuenta
la prolongada caida desde comienzos del 2000) es solo un pálido
reflejo de lo que se avecina.
Tal cuál lo venimos pregonando, más tarde o más
temprano... toda malaria se termina.
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